La acusación sería
compartir palabras,
o mejor, reciclarlas:
Decir(le) lo mismo
que te escuche decir
Juego el juego
y así creo
tu definición
de generosidad
No soy yo
lo que no te gusta
pero cansa
pelear
contra espejos
Yo no existo
salvo
en recuerdos
pero cosecho odios
que revoleas
al viento.
Los recibo,
los abrazo
y me hago amiga
de tus fantasmas
Que dolor absurdo
el de las ‘pequeñas muertes’
Ya no quiero sonrisas falsas
ni mascaras brillantes
Quiero reconocerte
en tu dolor verdadero
Jamás arrancarte los ojos.
Que me sigas doliendo
después de todo este tiempo:
magia o maldición
Una maldad que solo nace
de un corazón revuelto
suelta un te amo
como quien
lanza una granada
Y después se encuentra
lo que no se busca
lo que se resiste
a la caída
Por qué carajo
habré seguido el instinto
de hablarle al pibito
de los ojos azules
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